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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

27 sept. 2017

Cajón desastre III.



Susana era la típica niña de la que deseabas ser amiga y que si se fijaba en ti ya tenías que sentirte afortunada porque ella era popular y yo era una sombra en un mundo lleno de luces.
Cuando Susana empezó a hablarme, yo me sentí casi rozando la felicidad absoluta, ya sabía que era tener una amiga, una de verdad, con las que te vas de un lado a otro, de una casa a otra.
Pero era una amistad con fecha de caducidad, eso lo tenía claro porque nos conocimos en el lugar al que íbamos de vacaciones. Sencillamente no pensé que se acabaría antes.

En ese sitio hacían bailes los viernes, para los niños, para los adultos, era una especie de discoteca ambientada para ambos.
Iba a ser la primera fiesta a la que iba a acudir sola con mi amiga, por supuesto, estarían mis padres y mi hermana pero yo iría con ella. No sé si pilláis el concepto. Era una fiesta por parejas y tenías que llevar a alguien y esta vez yo no me vería con mis padres y mi hermana, esta vez iría con una amiga.

Supongo que os imagináis el final, sí, efectivamente no fui a la fiesta, me quedé llorando desolada pensando que había podido hacer mal. Aunque mi padre lo tenía claro, todo en mí estaba mal, ¿cómo iba a tener alguien como yo amigos? Por favor... alguien que no vale nada merece... nada.

Pero me estoy adelantando, como siempre en mí, esto es un cajón desastre, no hay orden ni control, nunca lo olvides mientras lees esto. Quizás te sientas identificado, quizás no. Pero es probable que te pierdas entre tanta confusión como se pierden los botones en las cajas de costura.

Seguiré y terminaré lo que pasó con Susana. Fui a su caravana pero no entré porque oí voces, me quedé oyendo la conversación escondida entre un árbol y la caravana. Susana estaba hablando con otra chica, más mayor, y esa chica mayor le concedía el honor de ir con ella a la fiesta ¿Creéis que Susana le dijo que ya iba a la fiesta con servidora y, por lo tanto, era mi pareja? No, no lo hizo.
Sólo dio grititos de alegría mientras se cogía las manos con esa otra niña. Esperé a que la niña Saliera y miré el reloj, una hora para la fiesta, por lo menos Susana tendría la honradez de decirme en la cara que no iba conmigo, así que esperé a que saliera, pero sólo la oía canturrear.
Pasaban los minutos y ella no salía así que toqué a su caravana e inocente de mí le dije si nos íbamos ya a la fiesta a lo que ella contestó que tenía alguien mejor con quien ir.

Susana era pura delicadeza como podéis comprobar, aún me recuerdo a mi misma corriendo llorando hacía mi caravana mientras me repetía a mí misma que era una estúpida. Yo siempre me he culpado de todo, desde bien pequeña y ahí estaba mi querido padre para recordarme que sí, que el problema era yo.

Lloré hasta quedarme sin lágrima, lloré sola, dolida y oyendo la música de fondo de la fiesta. Yo me quedé sola, con sólo ocho años. No, nadie se quedó conmigo, nadie me consoló. Nadie hizo nada por mí y eso aún me duele.
Era sólo una niña y nadie tuvo un mínimo de compasión por mí, hay cosas que parecen insignificantes hasta que se suman a otras. Cuando sumas y sumas, te vas dando cuenta de que en todas esas pequeñas cosas estabas sola y vas cargando tu odio hacía tu madre, tu padre y tu hermana por no consolarte cuando derramabas lágrimas, por no tener en cuenta que esa pequeñez se sumaría a otras.

Al final nunca hubo consuelo, al final nadie entendió mi rabia al pasar los años pero si hubieran sumado cada pequeña cosa junto con las grandes cosas, entonces habrían entendido mi dolor.

El dolor de una niña que fue traicionada, sustituida y desechada por otra.

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