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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

5 may. 2016

El tiempo.

El tiempo siempre sirve para algo, y es para demostrarte en qué te equivocabas y en qué no.



Nunca he sido una persona prejuiciosa. así que nunca tengo una primera impresión hasta que no he hablado con la persona en cuestión.
La cuestión es que siempre tengo una primera impresión esa vez, y casi siempre, esa impresión es mala. Aún peor es que me convenzo de que debo darle a la persona otra oportunidad.
Así entro en un círculo donde siempre anda latente esa primera impresión y donde la persona en cuestión intenta convencerme de que es errónea.
Si quieres saber como es una persona, sólo basta con escuchar esas partes donde intenta convercerte de como es (o intenta autoconvencerse más bien) si repite sin cesar que le encanta la sinceridad, que es apasionado o fuerte... entonces es todo lo contrario.
La persona que lo es, no necesita demostrarlo, tampoco necesita repetirlo cual loro.

Así que estoy muy contenta porque esa vocecilla que me dice que no me equivoco, acaba dándome la razón, con el tiempo.
Al final las personas demuestran como son, no pueden fingir eternamente y, sobretodo, cuando desparecen de tu vida, sus acciones hablan por si solas.

Esto hace que te salga una sonrisilla porque cuando alguien insiste tanto en algo que no es, para acabar demostrando que sí lo es, te tienes que alegrar.
Nunca me equivoco, para bueno y para malo.
Pensé que una persona era débil, un baboso y, en general, el típico triste que nadie quiere y vive de la pena. al principio le funciona, luego se queda solo porque nadie aguanta a los débiles y penosos.
Por otro lado pensé que otra persona era el demonio pese a que mi voz interior me decía que no era así, que le importaba realmente.

Así que puedo decir que estoy contenta por hacer caso a mi voz interior y que la persona penosa no siga en mi vida y que mi "demonio" siga conmigo.

Está claro que nunca perdemos nada, siempre ganamos y, muchas veces, eso sólo te lo da el tiempo.


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