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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

3 jul. 2015

Decisiones.

A veces se nos plantean decisiones difíciles, las tomamos, casi siempre, para nuestro propio beneficio. Algunas pueden doler, hacerte dudar si has hecho lo correcto, en realidad, nunca lo sabes, no hasta que pasa el tiempo.
Entonces pueden ocurrir dos cosas, te puedes arrepentir o estar de acuerdo con el camino tomado.
La primera es la difícil, cada cual es dueño de su vida y de los caminos que toma, por lo tanto, hay que ser consecuente con lo que has dicho/hecho y tomar conciencia de que son estos los que te han llevado hacía donde estás.
No se puede volver atrás, o si involucra a otras personas, quizás estas no nos quieran dar otra oportunidad, como se diría lo hecho, hecho está, de nada sirve arrepentirse ni lamentarse.
En ese momento hicimos aquello que creímos correcto, tomamos la decisión que creíamos acertado, hicimos lo que se suele decir "lo que más nos interesó"
Habrá quien diga que aún así dolió, y, por supuesto, dolerá. Tomar una decisión nunca es fácil y más cuando sabes que dar marcha atrás es imposible.
La vida se compone más por dolor que por alegría, quizás esto sea para que podamos disfrutar más de los pequeños momentos felices que tenemos.
Quién sabe, desde luego no es fácil, nunca sabes que decisión es la adecuada, cuál te llevará al camino que quieres tomar, si te aportará lo que necesites y demás.
Algo sí es cierto, tanto si te equivocas como si aciertas, aprendes, normalmente aprendemos por las malas, no lo voy a negar pero, así es la vida, una continua toma de decisiones, un sube y baja constante, una ruleta rusa.
Conseguir la felicidad no es fácil y, normalmente, la consigues después de pasar por grandes penurias. Nadie dijo que la vida sería fácil, sólo que valdría la pena vivirla, incluso aquellas veces en las que te preguntas si merece la pena.

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