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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

17 dic. 2014

Cuando temes perder.


Cuando estás enamorado no sólo tu cuerpo experimenta mil y unas sensaciones diferentes que te hacen sentirte en una nube, al borde del colapso de la excitación y vivir, permanentemente, en un extraño cuento de hadas imaginario que te montas en tu cabeza.
Tu mente empieza a viajar lejos, tan lejos que no podrías alcanzarla ni aunque quisieras.
Empiezas a vivir una realidad alternativa que está en tu cabeza. Imaginas una vida en común, rememoras besos, caricias y mil cosas más.
Luego está el temor. Te preguntas mil veces si mereces tanto, si esa persona es consciente de todas y cada una de tus debilidades (ni hablemos de los defectos)
Temes no estar a la altura, temes no ser suficiente, temes que otra persona que tú crees mejor, te lo arrebate.
¿Por qué? porque cuando todo ha ido mal, es imposible para tu mente dejarse llevar y aceptar que todo puede ir bien.
Tu cabeza prefiere pensar las mil y una cosas que pueden ir mal, el millón de motivos que pueden dar lugar a que esa persona tan especial desaparezca.
Enamorarse es hermoso y aún así te llena de miedos, miedos absurdos y sin sentido. Miedos que sabes que no existen salvo en tu cabeza, miedos que no tienen fundamento pero... a tu cabeza le da igual. Ella los retorcerá y manipulará hasta que lo tengan.
Te convencerá de que las cosas irán mal. Es la mayor manipuladora que hay. Tu propia mente. Ella es tu mayor enemiga.

Intentas ser feliz y disfrutar, pese a ese miedo, sabes que algún día desaparecerá pero... mientras sigue ahí, "comiéndote el coco" haciéndote ver aquello que no existe.

Yo temo perder a mi señor X. Es demasiado especial ¿en serio alguien como yo merece a alguien como él? ¿Y si despierta un día y se da cuenta de la realidad? ¿Soy yo la única que ve mis defectos?
Miles de preguntas que poco a poco encontrarán respuesta. Seguro que lo harán.


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