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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

23 nov. 2014

Felicidad extrema.

Puedo decir que me siento plena y absolutamente feliz (salvo por mi dedo roto pero eso es otra historia)
Durante años he tenido relaciones en las cuales nunca me sentía plena (ni que decir tiene que mucho menos enamorada) pensaba que el amor era sólo eso, atracción hacía otra persona.
Pensaba que el amor era aguantar esas cosas que te desquician de otra y tener que "soportar" que esa persona estuviera todo el santo día encima tuya.
Esa única idea me agobiaba al extremo, sólo imaginarlo sentía un rechazo absoluto hacía cualquier relación. Era algo que siempre se me hacía pesado y acababa odiando a mis parejas. Ellos, además, siempre me recriminaban mi frialdad.
Todo era así hasta que conocí al señor X.
Es extraño como una persona ha podido cambiar todo mi mundo y hacerme decir cosas que jamás me habría visto capaz, como sólo oír su voz hace que me estremezca entera o como espero con ansía verle y hablar con él.
Siento un cúmulo de emociones tan fuertes que, a veces, siento como si fuera a explotar, como si no pudiera mantenerlas dentro de mí.
Me costó mucho aceptar que él me gustaba y, me costó aún más, aceptar que me estaba enamorando sin remedio de él.
Me di cuenta de que eso debía ser el auténtico amor y me abrumó, sentía que quería decirlo todo lo que pasaba por mi mente y como reaccionaba mi cuerpo cuando se trataba de él.
Me siento mejor, es gracias a él (aunque no puedo quitarle mérito a mi trío calavera y a mi madre) pero con él... con él puedo ver el mundo de otro color.
Me hace sentir cosas inexplicables, me llena, me... me completa en todos los sentidos que una persona puede hacerlo.
Cada vez más perfecto para mí, cada vez más y más todo lo que he soñado.
Me sorprendo pasando horas pensando en él y esperando con ansía poder verle, oírle, leerlo... algo, lo que sea.
Nada en él es agobiante, al contrario, es como una droga de la que nunca tengo bastante. Como si estuviera total y absolutamente enganchada a él, como si no pudiera vivir sin sus palabras, sin su compañía...
Ha cambiado mi mundo y, aunque sigo siendo una persona fría que no soporta al resto, con él nunca tengo suficiente, siempre quiero más y más. Nada es bastante.
Esto debe ser el amor, estar enamorada y me alegra descubrirlo después de 32 años y más aún que sea con él.
Le amo demasiado...




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