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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

22 jul. 2014

Auspicios.

Auspicios

Selene, hermana de Gaia, es mentora de todos los Garou. Es Gaia la que nutre, pero es Selene, la sabia y loca tía de los Garou, la que les proporciona a los hijos sendas que seguir. La senda o auspicio, de un Garou es su vocación su función en una manada amplia.

El auspicio de un hombre lobo es un esquema general de actitud y conducta. Los Garou creen que la fase de la luna bajo la que nace un hombre influye al Garou en el que se convierte. De esta forma, Selene les enseña a los hijos de su hermana un papel en la vida. Selene reconoce que ningún Garou puede serlo todo en todo momento; cada auspicio es un fragmento de un diseño muy amplio. Los jugadores nuevos pueden pensar que el auspicio es un tipo de "categoría de personaje" para sus Garou, si lo desean. De hecho, el auspicio define a un personaje en términos de quién es, qué hace y cómo le tienen en cuenta en todos los aspectos los demás hombres lobo.

Tu auspicio también describe tu puesto en la sociedad Garou. Cuando entre en tu tribu, te asignarán un maestro que siga tu mismo signo lunar y que te instruirá en las tradiciones de la luna. Para mayor sencillez, muchos maestros comparan el auspicio de un Garou con el signo del zodiaco, pero el verdadero significado del auspicio es mucho más profundo. El signo lunar se considera un consejo de Selene y una parte vital del ser de cada hombre lobo.

Es posible renunciar al auspicio y escoger otra senda pero esto suele desaprobarse, ya que se considera un grave insulto a Selene. Un renunciante debe pasar el Rito de Renuncia, una dolorosa desposesión de la antigua identidad del Garou. El renunciante vuelve a empezar con Rango 1, manteniendo toda su Rabia interior pero perdiendo bastante estima a ojos de sus compañeros Garou. Las historias de estos renunciantes tienden a extenderse entre las tribus; no suele confiarse en los que rechazan la guía de Selene.

Ragabash: La Luna Nueva; el embaucador

Por molesto que pueda ser, el embaucador es quien trae sabiduría a los que se creen sabios. Un Ragabash no sólo revela que el emperador no tiene traje, sino que además arroja a ese pretencioso y presumido a un charco de barro como lección para otros aspirantes a reyes. Al minar la tradición y la autoridad en cualquier ocasión, el Ragabash mantiene siempre alerta a sus compañeros, enseñándoles la necedad de la arrogancia y la sabiduría de la humildad. Irónicamente, el embaucador trae orden con el desorden. Sus bromas resaltan las grietas que hay en el camino y con las que tropezarían sus compañeros de manada de no ser por las chanzas del Ragabash.

Aunque otros Garou esperan las travesuras de los Ragabash, no las agradecen. Toleran a los embaucadores, pero nunca confían realmente en ellos. Los Ragabash tienden a ser personas bastante extrañas; sus compañeros de manada ni siquiera tratan de comprenderlos. Como su senda está aceptada, tienen una libertad de la que gozan pocos Garou. Los Lunas Nuevas son flexibles y esa flexibilidad es su fuerza.

Como los bufones de las cortes en la Edad Media europea, los Ragabash se consideran una molestia necesaria y les deja el campo libre. Esto no quiere decir que los embaucadores no tengan barreras; la Letanía es una ley sagrada, incluso para los hijos de la Luna Nueva. Aun así, los ancianos a menudo hacen la vista gorda mientras los embaucadores gastan sus bromas, ya que confían en que la sabiduría innata de Selene les guía. De todas maneras, más les vale a los Ragabash que no se confíen. Los Ahroun no tienen fama de tener sentido del humor...

Sólo un verdadero estúpido ignora la sabiduría que se oculta tras el disfraz del embaucador: lleva la alegría a los corazones airados y la humildad a los que necesitan una buena dosis de ella. Además la Luna Nueva suele poseer una astuta perspicacia que le convierte en un respetable consejero (o cómplice). Siempre que hay tensión en el ambiente, el Ragabash la disipa, aunque se arriesgue a que una garra se abalance sobre su risueña garganta. Posee un valor diferente al del guerrero, muy valorado por los ancianos más inteligentes.

Al ser el que "pone en duda los métodos" el Ragabash tiene la obligación de ser el abogado del diablo. Ser un Luna Nueva es algo más que tener carta blanca para hacer travesuras o no respetar siempre a la autoridad: es una verdadera responsabilidad. El Ragabash no debe poner en duda las tradiciones a la ligera, sino que debe estar bien informado para transmitir su punto de vista. No basta con sembrar la duda sobre el comunicado de un anciano; el Ragabash tiene que contar con un argumento sólido para poder defender su opinión. Su trabajo consiste en que sus compañeros conozcan las dos caras de cada asunto y sepan que están tomando la decisión correcta, no la más obvia. Por supuesto, como el Ragabash domina la astucia, las tácticas insidiosas y los Dones sutiles, también tiene ciertas responsabilidades como mensajero, saboteador o incluso, como asesino. La Luna Nueva es la luna del sigilo, y sus hijos tienen que utilizarlo por el bien de los Garou.

Estereotipo: aunque el papel de payaso esté aceptado, merece poco respeto. Los demás Garou tienen prevención hacia el embaucador, incluso cuando va en serio. Los embaucadores nacidos bajo la fase creciente tienen un matiz ligero y cómico, algo caprichosos también, mientras que el humor de los Ragabash de fase menguante asumen un carácter más sombrío. Aunque suele tacharse a los Ragabash de bromistas de mal gusto, sus gracias van de lo cómico a lo surrealista, dejando confundidos a los Garou menos sofisticados. Los Ragabash son enigmáticos, ocultos como la luna de su auspicio, y así les gusta a ellos.

Cita: Camina conmigo un rato, bajo la luz de... ¿qué? ¿Que no hay luz? ¡Pues claro que no! Somos danzantes en las sombras. Selene se cubre de misterios. ¡Por supuesto que no hay luz! ¡La luz estropearía la diversión! Corre conmigo un poco y verás la lógica de mi locura. Te llevaré más allá de ti mismo, allende los confines de tu visión.
Pero no resbales en la boñiga...

Theurge: La Luna Creciente; el vidente

La luna creciente refulge como la hoja de una espada. Bajo su luz, el Theurge, vidente de los Garou, firma su paz con el mundo espiritual. Ningún otro Garou está tan en armonía con la Umbra. Ningún otro auspicio comparte su penetración en las sendas y el peligro de los Reinos espirituales.

Los Theurge son los guías tribales. Bajo la línea de luz de Selene, los Theurge escudriñan en la oscuridad del misterio interior y exterior. La hermana de Gaia les conduce a través de viajes místicos que pocos Garou podrían emprender. Como los chamanes humanos en las culturas nativas, los hombre lobo Theurge permanecen reservados y misteriosos, separados por la visión que han obtenido.

A menudo los Theurge se dedican a sus asuntos, murmurando a los espíritus y sin dar importancia a las tonterías normales. Estos videntes son los planificadores, los pensadores, los adivinos, los visionarios. Sus Dones reflejan una profunda comprensión del mundo espiritual y del yo interno. Pueden canalizar, curar o herir con igual elegancia. Sin ellos, la tribu podría vagar hasta que el Wyrm la tragase entera. Sus compañeros de manada lo saben, pero se mantienen a distancia. ¿Quién sabe cuándo la sobrecogedora visión del sabio puede volverse hacia ti?

Algunos consideran que estos videntes son los soñadores de los hombres lobo y muchos parecen estar bastante distanciados de sus hermanos. Pueden ver y oír cosas que otros no pueden, como si vivieran tanto en el mundo físico como en el mundo espiritual. Debido a su extraña soledad, el Theurge mantiene un puesto importante en cualquier manada. Si él, los hombres lobo olvidarían el lado espiritual de su naturaleza. Si no les orientaran sus sueños y visiones, avanzarían a ciegas y perdidos.

El Theurge suele ser el maestro del rito de su manada, pues es el que conoce más ritos y el que está más cualificado para celebrarlos. También suele negociar con los espíritus con los que tropieza, pues es quien tiene más posibilidades de conocer su idioma y comprender su extraño modo de pensar. Los Dones de la luna creciente le ayudan en estos cometidos, aunque es necesario tener cierto tipo de mentalidad para aprender a "pensar" como los espíritus. Cuanta más afinidad siente un Theurge por los espíritus aliados, más extraños le resultan aquellos que piensan de forma más física.

Estereotipo: Los espíritus han dejado su marcar sobre el Theurge. Está "señalado" y es más que un poco raro. Sy visión es a la vez una bendición y una maldición. Aunque sus compañeros de manada valoran sus poderes, los pone nerviosos. ¡Ese estremecedor cántico que recita mientras duerme es suficiente para que a una Perdición se le ericen los tentáculos!
Se piensa que los Theurge nacidos en la fase creciente se sintonizan de forma natural con los espíritus, mientras que de los nacidos en fase menguante se dice que vinculan espíritus a su servicio por la fuerza, tal como lo hacen los hechiceros.

Cita: ¡Ese susurro en los árboles no es el viento! Es el grito de los fantasmas de estas tierras. ¿Te digo lo que dicen? ¡Tu pelaje podría volverse blanco!

¿Puedes verlos bailando en mis ojos? ¡Más cerca! ¡Más cerca! ¿Puedes ver sus rostros riendo, desternillándose de mí? ¿No puedes? ¡Yo sí! ¡Cada instante, cada día! El beso de Selene los atrae como moscas a mi fulgor permanente. Los veo en sueños. ¿Te ríes de mí? ¡No te rías de mí! Puedo azuzarlos contra ti...

Philodox: La Media Luna; el guardián de las tradiciones

De la misma manera que la media luna equilibra la luz y la oscuridad, el Philodox traza la línea entre el lobo y hombre, Rabia y Gnosis, pasión y sabiduría. El Philodox es el mediador de la manada, a quien acuden los demás Garou para que les dé consejo o resuelva con justicia las disputas. Su honor suele estar fuera de duda. Como juez, legislador y árbitro de desafíos, el Philodox no tiene igual. Del mismo modo que un Ragabash vive para reírse, un Philodox nace con la sabiduría y los deseos de juzgar imparcialmente las acciones de su pueblo, ya sean brillantes o desagradables. Intenta resolver todas las disputas que aparecen en su camino, pues ese es el papel que Selene ha reservado para él.

Los Philodox también nutren su centro espiritual y saborean sus lazos con la carne y el espíritu. En asuntos personales, a menudo se guardan su opinión a menos que se les pregunte, pero intervienen inmediatamente si detectan una posible amenaza para la manada.

Los Philodox a menudo son los mejores lideres tribales; Selene les impulsa a seguir el camino intermedio. Al hacerlo, se convierten en un punto de apoyo que equilibra el comportamiento extremo de sus compañeros Ragabash y Ahroun. En época de guerra, un Galliard o Ahroun puede asumir el papel de jefe guerrero, inspirando al resto de la manada para que tenga valor. Sin embargo, cuando reina la paz, es un Philodox de alto rango el que asume el manto del liderazgo.

Un Media Luna sabio no guarda rencor por ello y comprende que renunciar al puesto de líder es lo mejor. Debido a la competitividad de los hombres lobo, este comportamiento refleja perfectamente sus deseos de equilibrio y orden. Ocupe o no el liderazgo, de él se espera que sea imparcial; un Media Luna no puede favorecer a ninguno de sus compañeros de manada. El Philodox también tiene la responsabilidad de recordar en todo momento las leyes Garou; si un compañero está a punto de quebrantar la Letanía, el Philodox tiene que ser el primero en darse cuenta y prevenirle. Esta responsabilidad se extiende hasta más allá de la manada: a un buen Philodox le preocupa el honor de todos y cada uno de los hombres lobo con los que tropieza. Por supuesto, a medida que se acerca el Apocalipsis, los Philodox más comprometidos están perdiendo la ilusión..

Los Philodox representan las mejores cualidades de los Garou. Sin embargo, su equilibrio interno puede ser su perdición. Algunos Philodox de cuarto creciente se vuelven distantes y reservados; a la inversa, muchos seguidores del cuarto menguante tienen centros de equilibrio frágiles y fáciles de alterar. La senda del portador del equilibrio es una cuerda floja y mantener el centro a menudo es una tarea ingrata.

Estereotipo: Los Philodox son conocidos como los más honorables de los Garou, aunque algunos cuchichean que son demasiado listos para que les vaya bien. Sin embargo siempre que aparecen problemas, todo el mundo recurre a los Philodox.

Cita: ¡Suelta eso! ¿Os habéis vuelto locos los dos? ¡Las luchas internas no nos llevan a ninguna parte! Ahora, escuchad los dos: vamos a sentarnos y resolver esto. Grimgroth no servirá de nada a Gaia si se está curando de una raja en el hígado. Vale, sin interrupciones. Quiero oír esto desde el principio. Y no intentéis mentirme...

Galliard: La Luna Gibosa; el danzante lunar

A medida que Selene queda henchida de Rabia, pide al Danzante Lunar que le cante canciones de batallas y glorias pasadas. Atendiendo a la llamada, el Galliard eleva su voz contra la noche, invocando la inspiración y la fortuna con su aullido claro y perfecto.

Los Galliard son los protectores de las tradiciones, los actores, los artistas, los cantantes de antiguas historias y nuevos caminos. Espontáneos e inventivos, los Danzantes Lunares son el alma de la manada. Elevan la moral de los demás y les recuerdan por qué están luchando. A menudo, los Galliard son guerreros temibles por derecho propio y arden con la pasión de Selene. El que su danza sagrada se ejecute en un claro del bosque o sobre los intestinos de un enemigo le importa poco a un Galliard.

La pasión es el derecho de nacimiento del Galliard. Los que nacen en fase creciente sienten la pasión de la vida y el goce de la creación, mientras que los nacidos en fase menguante sienten el impulso de la matanza y se regocijan en la oscuridad de su alma. Aunque todos los Galliard conocen muchas sutilezas de la Letanía y los detalles del saber tribal, confían más en la inspiración espontánea que en el aprendizaje y el estudio. Selene inflama sus venas y la danza de la vida y la muerte es todo lo que importa.

El papel del Galliard es delicado. Tiene que ser el guardián de la sabiduría de su manada, conocer bien la historia Garou y ser capaz de enseñar a los demás a aprender de los errores del pasado. También es quien, en los Consejos, narra las proezas de valor, sabiduría y honor de sus compañeros, asegurándose de que sus esfuerzos reciben la recompensa adecuada. En muchos casos, el Galliard es quien negocia con los humanos, del mismo modo que el Theurge pacta con los espíritus y el Philodox razona con otros Garou. Un Galliard de talento posee una buena memoria, una gran capacidad de oratoria y un espíritu valiente; su trabajo no es fácil, y para realizarlo, necesita todo el talento que pueda reunir.

Estereotipo: Nadie espera mesura de un Galliard, pero suelen ser buenos para contar una historia conmovedora o cantar una canción poderosa. Son buenos guerreros y líderes.

Cita: ¡Vamos! ¡Arriba! ¡No tengáis esas caras tan deprimidas! ¿No recordáis la historia de Blenfor Colmillo Invernal, cercado por la Prole del Wyrm en el Túmulo del Manantial Helado? ¿No? Pues ahí estaba, Blenfor Colmillo Invernal, jefe del Viento del Norte, con la nieve hasta las rodillas y, mientras se alzaba la luna llena, les vio los ojos llameantes. Ellos cuarenta, y él solo...

Ahroun: La Luna Llena; el guerrero

El Ahroun es el recipiente de la Rabia de Selene, las zarpas de la furia de Gaia. Es el ejecutor, el licántropo loco, la Rabia encarnada. La sangre es su vino, la guerra su placer. Con el tiempo, la sabiduría puede guiar la mano del Ahroun, pero en su juventud el Ahroun se alza en lo alto de un montón de cadáveres y aúlla pidiendo más.

Los Ahroun nunca serán famosos por sus modales, pero su presencia carismática y su valía física les convierten en jefes guerreros por naturaleza. Su afinidad con la bestia interior a menudo lleva a los Ahroun a una muerte prematura, aunque gloriosa; pero el dolor puede ser un estupendo profesor. Un Ahroun anciano es una de las criaturas más peligrosas de la tierra. Éstos son los héroes de los Garou, los guerreros de leyenda.

Incluso entre las tribus más juiciosas, los Ahroun son conocidos por su carácter colérico. No temen a la muerte, sino que la abrazan como el destino de un guerrero. Estos luchadores natos se consideran los puños de la manada y los líderes por derecho natural. No todos los Ahroun son tan insensibles; algunos mantienen su Rabia bajo control y la reservan para el enemigo. Sin embargo, para la mayoría de los hijos de la Luna Llena, la vida es una batalla: desagradable, brutal y breve.

Al igual que los Galliard, los Ahroun sirven de inspiración a su pueblo, pero no por sus bellas palabras, sino por sus depuradas proezas físicas y su poder. Cuando la paz se tambalea, asume las riendas del poder, pues ésta es su obligación: es el primero en dirigir a su manada al combate y, si son derrotados, el último en caer.

El papel que desempeña un Ahroun en la manada es simple: tiene que ser un guerrero consumado, capaz de defender físicamente a sus compañeros más débiles y proporcionar las tácticas correctas en cualquier circunstancia. El Ahroun es la personificación de la definición de adalid de Gaia.

Estereotipo: Los Ahroun son todo lo que es poderoso, orgulloso e insensato en los Garou. Su espíritu es potente, pero sus modales dejan bastante que desear.

Se dice que los Ahroun nacidos en fase creciente están tan en armonía con la voluntad de Gaia que llegan al fanatismo, mientras que los nacidos en fase menguante a menudo usan su poder para dominar a otros Garou.

Cita: ¡Sólo un cobarde teme a la muerte! Mi espíritu sólo renacerá tal como lo ha hecho mil veces. Si caigo esta noche, que sea en una batalla gloriosa por la Madre. ¡Que mi sangre riegue sus campos a lo largo de mil kilómetros! Sólo pido esparcir unas docenas de estas Semillas del Wyrm antes de caer en la lucha.

Ahora, ¿Quién se queda conmigo?



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