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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

24 may. 2014

Ser o no ser.


Si miráramos la vida de cualquier otra persona desde lejos, como simples espectadores, como quién ve una película, nos daríamos cuenta de la cantidad de gente que desperdicia su vida y desaprovecha todas las oportunidades que se abren ante ella.
Llega un punto en la vida de toda persona dónde debe decidir que quiere hacer con ella, qué caminos seguir, que metas conseguir, que sueños intentar alcanzar, a qué cosas debe renunciar. La vida es una toma de decisiones continua y, sin embargo, siempre hay un límite, un hasta aquí que decide lo que será tu vida a partir de ese momento.
Cuando eres un niño se forja tu carácter aunque apenas seas consciente de ello, en la adolescencia las características que te definan serán las que la hagan el resto de tu vida y el camino que elijas será decisivo para la elección del resto. Puedes dar rodeos, puedes saltar obstáculos, al final, cada una de las decisiones que tomaste cuando eras un crío o un adolescente, te perseguirán. Son estas mismas las que determinarán tu madurez.
Sin embargo, la adolescencia es dura, te sumerges en las aguas de otras personas, pisas donde otros ya pisaron, trazar un camino nuevo supone un reto demasiado complicado y nos aferramos a una zona de confort dónde no tengamos que separarnos de las caras que ya conocemos y de los sitios que nos son familiares.
La gente diferente, la que marca la diferencia, es aquella que se arriesga, se sabe diferente y traza líneas donde otros no se atrevieron a dibujar, nadan por aguas que otros no se atrevieron a surcar y corren caminos que nadie más pudo alcanzar.
La gente vive lo que la sociedad le impone, no cuestiona que hay mucho más de lo que le pueden mostrar, nuestras crianzas y educación nos esclavizan y nos encarcelan. Nos hacen temerosos de correr riesgos, nos pone un velo que dice NO y no somos conscientes de ello.
Si nos atreviéramos, corriéramos riesgos, cogiéramos el "no" y los trasformáramos en sí, si todos lucháramos por ser diferentes y únicos, entonces toda vida merecería la pena. Todos marcaríamos la diferencia y nadie podría oprimirnos.
Hay gente que es y otra que decide que ser.

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