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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

30 abr. 2014

Sin raíces.


La semilla crece en mitad de un hermoso bosque. Puede escuchar a los pájaros con su piar incesante, rodeándole.  El río está a tan  sólo un paso y puede sentir su cercanía por la vibración que se cuela por sus, cada vez más grandes, raíces. Siente la humedad cercana dándole vida e introduciéndose lentamente por su tronco llenando todas y cada una de sus ramas. Está creciendo ante el sol que se cuela por las montañas.

Se respira libertad, como si pudiera echar a correr a pesar de ser sólo un árbol, se siente libre pues está rodeado de lo más hermoso de la naturaleza.

Unas manos aparecen y le arrancan de su pequeño paraíso ¿a dónde le llevarán? dormita mientras estas palabras yacen en su interior y brotan a cada segundo como un eco. Despierta pletórico ante la luz del sol de un nuevo día, rodeado de más árboles cada uno más hermoso que el anterior, se encuentra ante sí con todo tipo de flores. El ambiente es húmedo, cargante y, a la vez, acogedor. Le gusta. Puede sentir la energía que brota de cada uno de los seres vivos que le rodean ¿que se oye a lo lejos? algún tipo de animal que no es capaz de identificar, su voz es grave. Resuena en su nuevo mundo como un rayo atronador. Sólo ese animal, sólo esa voz, muy distinto al bosque del que viene pero se siente acompañado y acogido.
Esta vez no debe esperar a que la lluvia le de vida, esta vez el extraño animal le acerca agua y cuida sus raíces y ramas.

Un nuevo día amanece y otras poderosas manos le arrancan de su nuevo y amado hogar ¿a dónde se dirigirá? de nuevo la angustia le come por dentro mientras sólo ve oscuridad ¿dónde está el sol que me acoge y da calor? ¿dónde quedaron las voces que me acompañan y dan valor? oscuridad acompañada por un ruido atronador. Se cierra en si mismo y dormita.

Abre los ojos ante un nuevo cuadro. Dónde se encuentra no hay más vegetación, sólo él. Esta vez escucha a lo lejos otra voz, esta es suave y denota amor ¿le habla a él? nunca nadie le habló. Una mano suave como la seda roza sus ramas con amor, le pone agua con esmero y dedicación. Le pone con cariño y lentamente ante el sol. Cuando cae la noche, esa misma mano le acoge con ternura y le protege del frío. Le canta pequeñas canciones igual que a un niño al que acunas.

El árbol es de todos los sitios y de ningún lado, no tiene raíces, no tiene pasado. Hoy aquí mañana allí y no importa, no importa mientras sea feliz.

Lo mismo pasa con las personas que hemos crecido en diferentes sitios sin pertenecer a ninguno. La ciudad da igual, lo que te rodea no importa. Sólo importa ser feliz y lo bueno de no ser de ningún sitio es que no tienes raíces que te aten a nada ni nadie y eres capaz de ir a cualquier sitio disfrutando lo bueno de cada lugar.
Yo, al igual que el árbol, no tengo raíces. Esté dónde esté, sin importar mi sitio de nacimiento o dónde haya vivido, sólo me importa ser feliz.

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