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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

23 abr. 2014

Carta a un extraño.


Querido “extraño”:

Las palabras son difíciles de decir y más aún cuando no quieren ser escuchadas. Es peor aún cuando se niegan a ser aceptadas.
Tanto tiempo esperando para poder decirte estas palabras.

Cuando era pequeña y miraba a mi alrededor con la curiosidad inocente de una niña, siempre veía algo distinto. Los pequeños matices que marcaban mi vida y la hacían diferente al resto de las personas.

Me gustaría decirte que nunca me sentí querida por ti, el calor que debía emanar de tu cuerpo y darme conford, nunca existió. La mano amiga que debía sortenerme a lo largo de los años, nunca estuvo ahí. Mis ojos negros, traviesos y expectantes nunca vieron lo que debían ver y ante mí pasó la infancia en un chasquido de dedos haciéndome adulta demasiado deprisa.

Aprendí demasiado pronto lo que era el miedo, pudo sentir en mis huesos lo que eran los golpes y, más aún, mi alma vivió por años un tormento. Mi infancia pasó sin ser como debía y en tu mano estaba que yo hubiera podido ser tan sólo una niña.

Quería decirte “querido extraño” que ya soy una mujer, he cambiado a lo largo de los años. He reído, he llorado y he sufrido una larga penuria de la que siempre me he levantado.
¿Dónde estuviste todos estos años? Olvidaste que di el paso y crucé la niñez. Olvidaste que también cuando te conviertes en mujer sigues necesitando consejos que yo nunca escuché, un abrazo que nunca llegó y una visita que no se produjo.

Nunca querida y siempre despreciada, como el objeto que está de moda y del que siempre te cansas. Esperando pacientemente una caricia, una sonrisa o una palabra. Me convertí en mujer y dejé de esperar nada.

Querido extraño. No tengo más que decirte salvo que eres tú quién en este caso perdió. Te perdiste todas y cada una de mis alegrías, cada bache superado, cada sonrisa, cada meta conseguida...

Ahora ya soy una mujer, madura, con mis ideas y mis rarezas, esas que tu nunca conocerás, esas que te perdiste.

Te pido perdón por estas palabras querido extraño, pues sólo plasmo lo que ha quedado dentro de mí. Perdón por haberme callado lo que sentía todos estos años, perdón por no quererte porque, aún siendo mi sangre, eres sólo un extraño. Perdón por no pensar en ti. Perdón por soltar estas palabras que como un cáncer en mi interior germinaron.

Ahora puedo marchar en paz, pues ya no hay rencor dentro de mí acumulado.

P.D: Lo siento te perdiste toda una vida de fracasos superados. Me da pena llamarte extraño pero después de tantos años separados y sin ningún contacto, no eres más que eso. 


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