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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

7 nov. 2012

BatCave (Parte IV)

Otra de las características de este movimiento es el sentido del humor. La capacidad de reírse de uno mismo y de ver lo absurdo tiende a crear un humor negro muy especial. El gótico moderno trata de encontrar consuelo y belleza en lo que la mayoría de la sociedad occidental teme. Así encontramos imágenes del horror procedentes de los terrenos industriales y las novelas góticas victorianas, música romántica y perversa al mismo tiempo, el uso de imaginería religiosa y pagana. Todo lo cual pone de relieve la dicotomía entre lo encantador y lo repulsivo que se encuentra en cada faceta de la cultura gótica. La fortaleza de esta subcultura descansa en la fuerza de su rebelión contra la sociedad dominante, lo que atrae a aquellas personas que se sienten alienadas por la sociedad bienpensante al proveerles de una identidad y sentido de pertenencia. Otro de sus temas, como hemos visto, es la decadencia. Hemos comentado su fascinación por las ruinas arquitectónicas, las abadías y los castillos destartalados.

Los partidarios del goticismo se han solido centrar en la ruina que parecía más presente en su época: la ruina moral, como en los malvados monjes creados por Ann Radcliffe y Matthew Lewis; la ruina corporal, como en las historias de Sade y los grabados de Goya; la ruina emocional hereditaria, como en Poe o Faulkner; la ruina sociopolítica representada por el monstruo de Frankenstein o el vacío ético de Hyde... El poder, la transgresión y la ruina excitan el miedo. Las representaciones visuales y literarias de vampiros proporcionaron otra línea de imaginación gótica que culminó en 1897 con el conde Drácula de Bram Stoker, quien connota toda clase de excesos transgresores. La obsesión gótica por la decadencia y su tradición de negatividad política se plasmaron al final del siglo XX en una estética de la desfiguración. Su plasmación artística, a veces torpe, a veces ingeniosa e inteligente, desafía o condena el control social racionalista el cual, aunque intenta restaurar una armonía humanista ideal, refuerza de hecho un régimen de trivial homogeneidad. Actualmente encontramos el gótico en la preocupación por la mutilación fetichista del cuerpo o la decoración transgresora de la superficie corporal, lo que no es tan sólo la versión contracultural de la cirugía estética. También muestra un desacuerdo con los planes de Dios para la humanidad. Expresa nuestro auto-rechazo y deseo de muerte, declara que los actos adultos de auto-reinvención son finalmente actos de libertad.

El gótico rechaza el sentido burgués de la identidad humana como un asunto serio, estable, permanente y continuo que requiere la reafirmación de un yo verdadero y unido como prueba de salud y buena ciudadanía. En lugar de esto, los góticos celebran la identidad humana como una actuación improvisada, discontinua y incesantemente reinventada. El héroe gótico es como el lobo estepario descrito por Herman Hesse: un ser solitario condenado a no poder escapar de esa perpetua introspección en la que vive. Un ser incomprendido confinado en alguna forma de neurastenia que dificulta o anula su posibilidad de comunicarse con los demás y con un mundo que no acepta y del que se siente también rechazado. Para los autores góticos el mundo es una mascarada. El rostro, los vestidos, la voz, todo es fingido. Todo el mundo quiere aparentar lo que no es.

El dolor es siempre infligido por un poder en cierta medida superior, pues nunca nos sometemos a él de buen grado, y la muerte representa la más elevada idea de dolor. Según los góticos, el dolor es inseparable del poder y nuestra actitud hacia nuestros superiores debería incluir siempre un elemento de pavor. En consecuencia, el renacimiento del gótico concibe que la paranoia puede ser una respuesta sana. Según la intuición gótica, uno tiene pocas oportunidades de cordura o satisfacción fingiendo ser una parte integrada de la humanidad. La felicidad y la supervivencia dependen de individuos vulnerables y desesperadamente aislados que despliegan tácticas evasivas. Aunque algunos autores hacen referencia a las más elevadas fuerzas éticas, ensalzan el dolor, el peligro y los terribles objetos y fuentes de lo sublime, no podemos dejar de reconocer que otros muchos productos góticos resultan de dudosa calidad artística.

En los últimos dos años, varias bandas interesantes aparecieron en estados Unidos. Influenciadas por el Death rock, adoptan una estética más elaborada, y en vez de mirar al pasado, apuntan al futuro. Creo que por allí pasa el futuro del gótico. Menos antigüedad y mitología y más cultura pop. Algunas de estas interesantes bandas son Die My Darling, Fear Cult, Seraphin Shock, Crush Violests, Cinema Strange y muchas otras. Estos grupos le están devolviendo al Gótico una vitalidad que a mi entender estaba perdiendo, quizás por tanto gusto de algunos por las ruinas mohosas de los antiguos Dioses. Tampoco olvidemos a Japón y su "Visual Rock", influenciando al resto del mundo con su excesiva imagen...

Como un vampiro, el gótico vuelve siempre de la tumba. Con distintos sonidos y ropajes, el hermoso monstruo nunca se resignó a un eterno descanso. Si pensamos en todos los movimientos juveniles de los últimos 20 años, el único que sigue vigente es el gótico. ¿Porqué ocurre esto? Quizás porque es la única escena que realmente nunca fue moda, ya que tiene que ver con los sentimientos más profundos de la persona. La libertad, la individualidad, la constante rebeldía ante las reglas de la sociedad, el inconformismo. Mientras exista un joven en la tierra (y esos sentimientos son los de esa edad), el Gótico seguirá vivo. O mejor dicho, no muerto. Undead, undead...

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