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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

25 nov. 2012

25 de Noviembre día Internacional contra la violencia hacia las mujeres



Se levantó pesadamente de la cama, ya no sabía lo que era poder descansar sin notar la tirantez de sus músculos, la agonía en su pecho y la pesadez de su cabeza martirizándola a recuerdos.
No sabía en qué momento se había producido el cambio, había sido tan sutilmente que era incapaz de recordar un momento exacto. ¿Recordaba la primera bofetada? Sí, pese a los miles de golpes recibidos a lo largo de los años, recordaba la primera vez que él le levantó la mano.

Recordaba también los primeros insultos, las primeras muestras por intentar minar su autoestima. ¿Qué era ella ahora? Sólo la sombra de quién fue.

Miraba alrededor de su cuarto sabiéndose  prisionera entre esas cuatro paredes. Su jaula no tenía barrotes ni llaves y, sin embargo, estaba ahí, invisible para el resto de personas pero poderosa con sus muros invisibles construidos a base de miedo,  inseguridad, golpes, insultos y humillaciones.
No se veía capaz de salir de allí, quizás tantos años escuchando que era una inútil habían surtido efecto.

Sí, era una inútil ¿A Dónde iría sin él? ¿Quién podría quererla? Sola no podía valerse y nadie más, aparte de él, la aguantaría. Nadie la quería, ni sus amigos ni su familia. Él se lo había dicho y ella lo creía, había algo en su forma de decir las cosas que hacía creíble hasta la más vil de las mentiras.
Se dirigió al cuarto de baño y miró su reflejo en el espejo. Las sombras de sus orejas oscuras ocupaban medio rostro. Ya no tenía marcas de golpes, hacía mucho que él había dejado de pegarle donde se viera. Ahora que ella iba a clase se había encargado de pegarle de forma que no le dejara marca, aún así, su deterioro físico indicaba que algo le pasaba.
Había pasado la noche en vela mientras él le gritaba y amenazaba, su única meta había sido agotarla para que al día siguiente no fuera a clase. Desde luego, estaba agotada, pero nada haría que pudiera disfrutar de cinco horas lejos de ese infierno. Le había costado mucho conseguir volver a estudiar y sería algo a lo que no renunciaría.

Escuchó la puerta a sus espaldas, él había vuelto. Se suponía que había ido a trabajar.

-          ¿Qué haces levantada? – Dijo él con el tono amable que solía utilizar cuando quería expresar que estaba arrepentido.

-          Tengo que ir a clase - Dijo ella con tono neutral mientras seguía mirando su reflejo en el espejo y preguntándose como maquillarse para tener mejor aspecto.

De repente el gruño, la sacó del cuarto de baño y le asestó un puñetazo en la sien. Perdió el equilibrio y  se dejó caer al suelo. Las lágrimas empezaron a caer por su rostro y se sorprendió. Creía que hacía mucho que no le quedaban lágrimas pero allí estaban de nuevo.
Sonó el teléfono de ella y él la miró asustado.

-          Cógelo  y pon el manos libres - Ordenó

Ella cogió el teléfono, era una de sus compañeras. En realidad, era una chica que había conocido en el curso que estaba dando y que se había convertido en un buen apoyo para ella. Aunque jamás le había contado nada sobre su infierno particular.

-          - Oye nena ¿dónde estás, no piensas venir? Hoy tenemos un trabajo, es mejor que vengas, no querrás acumularlo.

-          - Yo... no creo que pueda ir, he tenido un problema y...
-          O vienes o voy a buscarte, no hay más.

Sabía por qué ella decía justo esa frase. Llevaba semanas preguntándole si tenía problemas con su marido, si todo iba bien. Siempre le decía que estaría apoyándola en lo que necesitara y ahora había dicho las palabras mágicas que ella necesitaba “ O vienes o voy a buscarte, no hay más”

Él puso cara de fastidio, era un problema que ella  se fuera después del puñetazo que le había dado y toda la noche sin dormir, la gente sospecharía pero si no la dejaba ir se encontraba en una posición aún peor. Si las amigas iban a su casa y veían como estaba todo se darían cuenta de lo que había pasado y eso era algo que no podía permitir.

-          Dile que ahora irás – Dijo él en tono bajo.

Ella asintió con la cabeza, jamás cuestionaba ninguna orden que él le diera pero esta vez pasó un pensamiento fugaz por su cabeza. Podría escapar, si salía de esa casa podría escapar.
Se vistió ante la mirada amenazante de él. Cuando estuvo lista la empujó hasta la puerta y le cogió con fuerza del brazo, apretándole hasta hacerle daño. Se le escapó un pequeño gemido.
-          Te estaré esperando a la salida, sé lo que pretendes hacer pero no te va a salir bien. Cuando salgas de clase vendremos directamente a casa.

Le soltó del brazo, abrió la puerta y se dirigió hacía el coche. En el coche él no dejaba de repetirle que lo sentía, que él no era así, que era culpa de ella, ella le provocaba, ella era una inútil, ella lo estropeaba todo. Aún así él era tan bueno de quererla.

Sentada a su lado en el coche escuchando lo que tantas otras veces había escuchado sintió que no era cierto. No era culpa suya. Nada de todo eso era culpa suya. ¿Por qué había cambiado de forma de pensar en sólo un par de horas? La llamada de su compañera. Le importaba a alguien.

Llegaron a la puerta de la academia, abrió la puerta del coche corriendo, se giró y le dijo:

-          Esta será la última vez que me veas, se acabó.

Él intento ir tras ella pero se metió rápidamente dentro de la academia.
Reunió el valor para dejarle. Denunció lo que le ocurría y si bien, tuvo que volver a verle, nunca más estuvo en sus redes.


Su corazón siguió teniendo miedo durante mucho tiempo, las pesadillas fueron intensas y fueron remitiendo poco a poco pero, no hay nada, que la libertad de verte sin cadenas no pueda arreglar.

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 50/134 el 17 de diciembre de 1999, se celebra anualmente cada 25 de noviembre, en memoria de la shermanas Mirabal. La propuesta para que se celebrara en esa fecha la realizó la República Dominicana, con el apoyo de 60 países.
En República Dominicana se registró el asesinato de las tres, recordando el asesinato de las hermanas Mirabal.
En 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que se definió la "violencia contra la mujer" como "Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada".
En dicha Asamblea se reconoció que eran necesarios una clara declaración de los derechos que se deben aplicar para asegurar la eliminación de toda violencia contra la mujer en todas sus formas, y un compromiso de los Estados y de la comunidad internacional en general para eliminar la violencia contra la mujer.
En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
 La ONU invitó a organizar actividades dirigidas a sensibilizar al público respecto del problema en este día como una celebración internacional. también observa regularmente la jornada, y ofrece sugerencias para que otros las observen un estudio a fondo sobre todas las formas de violencia contra la mujer, que demuestra que existen obligaciones concretas de los Estados para prevenir esta violencia, para tratar sus causas (la desigualdad histórica y la discriminación generalizada), así como para investigar, enjuiciar y castigar a los agresores.

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