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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

19 abr. 2012

Leyenda de Prometeo

Según la leyenda, “Prometeo” descendía de una antigua generación de Dioses que habían sido destronados por “Zeus”. Era hijo del Titán “Japeto” (hijo de Urano y Tierra) y de Asia, el sabia que en el suelo de la tierra (naturaleza) reposaba la simiente de los cielos, por eso recogió arcilla, la mojo con sus lagrimas y las amazo, formando con ella varias imágenes semejantes a los dioses, los Señores del Mundo. “Los Hombres”.
 
“Atenea”, diosa de la sabiduría, que era su amiga, admiro la obra del hijo de los titanes e insuflo en las imágenes el espíritu o soplo divino. Enseguida, les dio a ellos para beber de un néctar mágico para que pudiesen recuperar su pureza, regenerarse, en el caso de que un día la perdiesen. Así lo hizo ya previendo, juntamente con prometeo, la corrupción de los nuevos seres delante de los males provenientes de la caja de “Pandora” (la libertad) que les seria entregado por Zeus mas tarde, como venganza por el robo del fuego, en el intento de pervertirlos a través de los vicios terrenales.
 
Fue así que surgieron, según la leyenda, los primeros seres humanos, que poblaron la tierra. Aunque por mucho tiempo ellos no supieron hacer uso de la centella divina que habían recibido, no teniendo siquiera conocimiento de cómo trabajar con los materiales de la naturaleza que estaban a su disposición por todas partes.
Prometeo entonces se aproximo a sus criaturas y les enseño a subyugar a los animales y usarlos como auxiliares en el trabajo; Les mostró como construir barcos y velas para la navegación, les enseño a observar las estrellas a dominar el arte de contar y escribir, a que descubriesen los metales debajo de la tierra y hasta como preparar los alimentos nutritivos, ungüento para los dolores y remedios para curar las dolencias.
 
Pero Zeus, sospechaba de los seres humanos, ya que no fue él quien los creo, ellos provenían de un antiguo mundo que él pretendía modificar íntegramente y siendo así no tenia interés alguno en mantenerlos en la tierra. Por consiguiente, cuando “Prometeo” reivindico para ellos el fuego, que les era imprescindible para la preparación de los alimentos, para el trabajo y principalmente para el progreso material y desenvolvimiento espiritual, el Dios griego decidió negárselo, temiendo que las nuevas criaturas se volviesen más poderosas que él. Entretanto Prometeo resolvió frustrarle sus planes, con la intención de conseguir para los hombres ese precioso instrumento.
Con un palo hecho de un pedazo de vegetal seco, se dirigió al carro del “Sol” donde a escondidas tomo un poco de fuego, trayéndolo para los seres humanos, entregándoles así el segundo secreto de la naturaleza. Más tarde él les daría otros secretos.
 
Solo cuando por toda la tierra se encendieron las fogatas es que Zeus tomo conocimiento del robo de Prometeo, pero ya era tarde. Puesto que ya no podía confiscar el fuego a los hombres, concibió ahí para ellos un nuevo maleficio: Les envió una Virgen creada artificialmente, “Pandora”, de belleza incomparable, con una caja portadora de muchos males. Prometeo le advirtió a “Epimeteo”, su Hermano de no aceptar ningún presente de Zeus, pero Epimeteo no lo recordó y recibió con alegría a la linda doncella, abriendo la caja de los males los cuales se esparcieron rápidamente sobre la tierra. Junto a ellos se encontraba él más precioso de los tesoros, “La esperanza”; pero Zeus le había encomendado a Pandora no dejarla salir y así fue hecho.
 
Los hombres que hasta aquel momento habían vivido sin sufrimientos, sin dolencias, sin torturas y sin vicios, comenzaron a partir de entonces a corromperse sin “Esperanza”, olvidándose el objetivo de su propia existencia, “La Evolución”.
Después de esto, vengándose Zeus de Prometeo, le envío a este al desierto de Citia, donde fue puesto preso a una pared de un terrible abismo, con cadenas inquebrables, en una peñasco de la montaña del “Caucasó”, en “Pie”, sin reposo alguno, durante 30 siglos, sufriendo la amargura de que su hígado sea devorado por un “Águila” que venia cada día a la región para dicho fin, después de que el órgano se volvía a reconstituir.
 
Por fin llego el día  de su redención. Hércules (el arquetipo), pasando por allí con los argonautas, al ver al águila devorando el hígado de “Prometeo”, tomo su flecha lanzándola sobre la misma. Enseguida soltó las cadenas y llevo a Prometeo consigo.

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