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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

3 mar. 2012

Tabú

Tumbada sobre aquella camilla empezó a temblar, tenía las piernas abiertas sobre esa especie de potro. Miraba el foco deslumbrante que había justo encima de su cabeza y se repetía sin cesar que era importante estar tranquila.
Era difícil, dada su fobia a los quirófanos, pero lo intentaba. Respiraba hondo y lo sacaba lentamente contando hasta tres tal y como el médico le había dicho.
No había dormido nada, se había tomado el doble de pastillas que le habían dicho y aún así... se sentía despierta y con todos sus sentidos al cien por cien.
El médico le dijo algo y ella absorta no se percató de lo que era hasta que él le cogió la mano y le dijo:
Tranquila... será rápido. ¿Seguro que no quieres la anestesia?
No... yo... estoy bien.


El médico la miró con lástima, y ella volvió la cabeza hacía un lado. Vio una bandeja plateada con varios instrumentos que no alcanzaba a distinguir o que no sabía realmente para que era o para que servían.


Vamos a empezar ya, ¿estás lista?
Sí...


Y se cogió con fuerza a la camilla, cerró los ojos con fuerza y respiró hondo. Lo sintió y fue desagradable, luego empezó el dolor y gritó.
El médico paró y la miró. Ella sólo dijo que estaba bien, que siguiera, que podía soportarlo.
Pero no podía... el dolor crecía y ella intentaba no gritar. Gritaba cada vez más y más alto, las lágrimas caían por su rostro. Un río de lágrimas. Por el dolor físico, por el dolor emocional, por la tristeza...
Y perdió el conocimiento.
Cuando despertó sólo habían pasado 15 minutos, su amiga a su lado le cogía la mano, le acarició la cabeza, y le dijo que todo había acabado.
El dolor volvió y con él las lágrimas y miró a su amiga, ella que siempre estaba a su lado y vio como giraba la cabeza pero sabía que lloraba como ella.

El médico volvió a los 10 minutos y le dijo que podía quedarse allí, que había sido traumático, que perdió el conocimiento conforme empezaron con el proceso. Pero no, ella quería irse a casa, quería estar sola, pensar que... nada de eso había ocurrido.
Recordaba como había gritado un NO que había llenado la sala, se sentía avergonzada, triste y no sabía bien por qué, se sentía humillada.

Llegó a casa y su madre la miró. Ella que no sabía nada, que pensaba que se había ido con su amiga a darse un paseo por la feria.

Le preguntó como lo había pasado y ella respondió con un leve “bien”. No podía andar, le dolía, quería irse a su cuarto y no fingir que estaba bien. Quería llorar, quería despejarse...


Llegó a su cuarto y estuvo dos horas en posición fetal aguantando el dolor, se levantó, se tomó las pastillas que le habían dado y se encontró mejor.

Pensó dentro de ella que nunca había ocurrido, lo enterraría tan dentro de ella que sería como si nunca hubiera existido.

Se sentó en su ordenador y pensó:



Esto no ha pasado, no ha ocurrido, ha sido un mal sueño.

Pero el dolor estaba ahí, no sólo el físico si no el emocional. Sabía que no se desprendería de él en mucho tiempo pero ya no importaba. Podía soportarlo, sólo tenía que estar sola y no pensar.

No quería pensar más en su cuerpo tembloroso gritando NO sin cesar e inundando su cara el lágrimas.


Todo empezó y acabó y podría superarlo. Tenía que poder...


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