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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

14 feb. 2012

Las Silfides

Físicamente, una sílfide tiene la apariencia de una elfa o una humana, muy bella y de rasgos delicados. Tiene alas de libélula y son transparentes o con manchas iridiscentes. Sus cabellos son largos y del color típico de una humana, aunque también pueden ser azules, verdes o violetas.

Son seres neutrales, de carácter amigable. Mantienen el aspecto juvenil durante toda su vida. Hablan en un lenguaje musical, propio de los seres mágicos con los que están emparentadas.

Las sílfides habitan en las alturas, ya sea en las montañas o en las copas de altos árboles. Rara vez se las ve en tierra firme. Construyen sus nidos individuales en las laderas de las montañas, o tallados en los árboles.

Una sílfide tiene capacidad de levitar innatamente. Su ágil vuelo es comparable al de pocos seres. Puede volar y moverse libremente, las alas sólo le sirven para coger impulso. Sin embargo, esta capacidad de levitar es de carácter mágico. Si se lanza contra ellas un conjuro antimagia dejan de volar.

Las sílfides tienen otras muchas habilidades mágicas, como la de hacerse visible o invisible a voluntad, y la de invocar elementales del aire.

Las sílfides pueden tener descendencia con humanos o elfos. Una vez que la sílfide deposita un único huevo perlino, invoca a un elemental del aire para que proteja y dé calor al huevo hasta el momento de su eclosión. Las pequeñas sílfides tienen el aspecto de una niña humana, pero con dos pequeñas alitas. Estas pequeñas sílfides pueden alcanzar el ágil vuelo a partir de los 10 años.

La sílfide es una criatura mitológica fabulosa de la tradición occidental. Este término tiene su origen en la obra de Paracelso, quien las describía como seres invisibles del aire, sus elementales del aire. No hay mitos considerables asociados propiamente con ellas. Dado que la alquimia en Occidente derivó de Paracelso, los alquimistas y sus movimientos anejos (como el rosacrucismo) siguieron hablando de las sílfides en su literatura hermética.

La primera discusión popular en Occidente sobre las sílfides vino de la mano de Alexander Pope. En El robo del bucle (Rape of the Lock) Pope satiriza los escritos alquímicos y rosacrucianos franceses cuando inventa una teoría para explicar las sílfides. En una parodia de la poesía heroica y la «oscura» y «misteriosa» literatura pseudocientífica, y en particular de la en ocasiones esotérica poesía heroica clásica del siglo XVIII en Inglaterra y Francia, Pope finge poseer una nueva alquimia, donde la sílfide es el humor mística y químicamente condensado de las mujeres malhumoradas. En el poema de Pope, las mujeres que están llenas de rencores y vanidades se convierten en sílfides cuando mueren porque sus espíritus están demasiado llenos de vapores oscuros como para subir al cielo. Belinda, la heroína del poema de Pope, es asistida por un pequeño ejército de sílfides, que fomentan su vanidad y defienden su belleza.

Esto es una parodia de Paracelso, en tanto que Pope imita la seria pseudociencia de la alquimia para explicar la seriedad con la que las mujeres vanidosas se dirigen al vestidor. En una ligera parodia de la batalla divina en el Paraíso perdido de John Milton, cuando el Barón del poema intenta cortar un mechón del pelo de Belinda, las sílfides interponen sus aéreos cuerpos entre los filos de las tijeras (sin efecto alguno). La jefa de las sílfides en El robo del bucle tiene el mismo nombre que el siervo de Próspero en La tempestad de William Shakespeare: Ariel.

Debido a su asociación con el ballet La sílfide, donde las sílfides son identificadas con hadas y leyendas medievales sobre el país de éstas, así como a una confusión con otros «espíritus del aire» (por ejemplo, en El sueño de una noche de verano de Shakespeare), el término sílfide puede usarse para aludir a una muchacha esbelta.

El término sílfide ha pasado al lenguaje común para referirse a los espíritus menores, elementales o hadas del aire y, figuradamente, a las mujeres delgadas, graciosas y de gran belleza. Los autores de fantasía emplean en ocasiones a las sílfides en sus obras.

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