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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

15 nov. 2011

El Amanecer

La historia que viene a continuación es un trozo sacado de Axis Mundi, un suplemento para Hombre Lobo: El Apocalipsis. Otra de tantas historias que se encuentran en sus libros y que aunque no siempre son compatibles unas con otras, pues así son las leyendas, al menos entretienen. La historia es demasiado larga así que la parto en dos partes.

El Amanecer
Se dice que una vez no hubo nada. Es decir, que nada existía. Un vacío, supongo. Pero es difícil de imaginar, y aunque fuese cierto, no nos serviría de nada. Lo que sabemos es que llegó un Amanecer.

Gaia floreció en la nada y se hizo algo. Dio nacimiento a todo lo conocido y lo desconocido. El Amanecer era la luz de Sus ojos abriéndose y extendida por el mundo. No había sol en aquellos días, pero sus ojos eran brillantes de todas formas. ¿Quién necesitaba sol con aquellos ojos?

Ninguno de nosotros puede imaginar la pura alegría de aquellos tiempos. Todo lo que existía era porque Ella lo deseaba así. Hermosas criaturas inimaginables para nuestras toscas mentes nacían y danzaban en la fresca hierba del Amanecer. Sólo pensar en ellos lleva lágrimas a mis ojos y envidia a mi corazón. Pero no había envidia entonces, pues todo estaba completo, nacido con todo su potencial. Todo era un misterio para aquellos ojos recién nacidos, y el mundo era un maravilloso lugar de exploración: tocar, sentir, tomar el mundo y ser tomado a su vez, fundirse con él y separarse y volver a unirse por el simple placer de todo ello. Nadie sabía entonces que la separación sería permanente.

Todo fluctuaba, no había nada quieto o estático, pues no tenían nombres. Pero Gaia se cansó de este caos, y deseó orden para poder descansar. Llamó ante Sí a todas Sus criaturas y les dio nombre una a una. Al hacerlo, les dio limitaciones, pero también maravillosos poderes que no habían tenido antes.

Algunas cosas eran más salvajes que otras, y Ella puso algo para que gobernase. Eran los tótems que dirigirían a sus estirpes. Así, todos tenían un lugar y una familia, y a todas las familias tenían un líder que había sido nombrado para ser sabio y poderoso.

Pero algunas cosas no recibieron nombre. Huyeron al oír la llamada, pues querían existir sin limitaciones. Teme a esos espíritus, pues son poderosos y nada puede escapar a su poder. Se dice que siguen existiendo en la Umbra Profunda, en los más remotos confines del mundo espiritual. Los siervos del Kaos no son tan caóticos como ellos, pues incluso el Kaos tiene un nombre.

Teme a los sin nombre.

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