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YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

30 nov. 2011

Lado oscuro.

Hacía frío en la calle, tiritaba bajo la ropa sin conseguir entrar en calor. Frotaba sus manos con furia una contra otra intentando, sin éxito, un mínimo de calor. Estaba frente a la puerta de su casa, la miraba con miedo y preocupación, con la incertidumbre de saber que pasaría hoy.

Suspiró con fuerza, metió la mano en su bolsillo y cogió la llave. Se quedó mirándola con una sonrisa estúpida. Volvió a suspirar para acallar esa agonía que sentía dentro de ella.
Finalmente, sin pensar más, metió la llave en la cerradura, la giró y entró.

Todo tranquilo, eso parecía. Entró y se dirigió a su cuarto sin decir ni hola, tal y como su madre le había aconsejado.
Temblaba un poco y se dio cuenta, estúpidamente, que no era el frío lo que le hacía temblar. Era el pánico.
Una vez entra en la habitación se siente más tranquila. Acaricia a sus mascotas, las mira y eso le hace sacar una medio sonrisa.
Se tumba en la cama, está agotada y sin ganas de nada. Son días difíciles, cada mañana al levantarse sólo le acompaña la incertidumbre paso tras paso.
Cuando se relaja un poco y nota como su cuerpo pierde fuerza empiezan los gritos.

  • Otra vez no...

Susurra en silencio, sin apenas tono en la voz. Ya no tiene vitalidad para aguantarlo, ya no siente que pueda más.

Los gritos van cada vez a más, oye a su madre llorar.
Ella misma empieza a encontrarse mal. ¿Qué puede hacer? ¿Meterse otra vez en medio?
Ya no tiene fuerza para pensar, no tiene fuerza para tomar decisiones. Está vacía. Sin alma. Sin dueño.

Sabe que pasará algo, algo malo. A veces siente una fuerza descomunal, agresiva y nota a esa otra “persona” dentro de ella. La escucha gritar porque quiere salir pero siempre logra acallarla. Siempre es más fuerte ella.
Ahora esa otra está ganando terreno. Hacía cada insulto y humillación que oye hacia su madre, esa parte clama más y más por salir.

Sabe que al final saldrá, dejará que toda esa fuerza anti natural salga fuera. Entonces pasará... claro que pasará.... aún tenía fuerza para controlarla pero... ¿Podría hacerlo mucho tiempo más? Y lo importante no era eso... lo importante de verdad era...

¿Quería controlar a el demonio que se alojaba dentro de ella y que sólo esperaba su debilidad para salir y hacerse con el control?

Se tomó un tranquilizante, estaba demasiado estresada, estaba demasiado preocupada. No podía más. No comía pero podría dormir.

Y mientras durmiera, la bestia estaría en un largo letargo.

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