Traductor

English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documental Spain cartas de presentación Italian xo Dutch películas un link Russian templates google Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified


YA NO ESPERO A QUE PASE LA TORMENTA, APRENDÍ A CAMINAR BAJO LA LLUVIA

12 ene. 2012

Durmiente...

Despertó sobre saltada y bañada en sudor. Se bajó de la cama corriendo y asustada en busca de la luz, cuando consiguió encenderla, a duras penas por el temblor de sus manos, se sintió mejor. Miró alrededor en busca de su fantasma interior, obviamente no había nada allí, sólo sus terrores nocturnos, sólo su subconsciente jugándole, una vez más, malas pasadas.

No dormía bien, se despertaba cada día a la misma hora y con la misma angustia. Su mente quería decirle algo que ella no lograba adivinar.
Empezó a sentir un calor abrasante dentro de ella y supo que la crisis estaba a punto de llegar. Se sentó en el suelo, estaba algo más fresco que el resto del cuarto, cogió una botella de agua que tenía siempre al lado de su cama y se la echó por encima. Era agradable sentir el frío en su cuerpo.
Se quedó sentada un rato en el suelo, intentando calmarse, intentando pensar que ocurría en su vida, que intentaba decirle su cuerpo y mente.

Demasiados problemas, problemas en casa, problemas de pareja, su salud, su estado de ánimo...
Empezó a analizarlos uno por uno:

Los problemas en casa eran los gritos y maltratos que oía continuamente, se metía en medio y cada vez que miraba la cara de ese hombre sabía que algún día la cosa acabaría mal, habrían más que palabras y aquello no se podría evitar. Temía que llegará la situación en la que una pelea desembocara en ella o él. Intentó buscar una solución. La único que encontró fue irse rápido de allí y desaparecer junto con la pesadilla, mientras podía hacer oídos sordos o estar en casa el mínimo tiempo posible.
Una vez recapacitado este problema y hallado una solución fue a por el segundo problema. Su pareja, algo iba mal, no se sentía valorada ni apoyada y cada vez notaba la agonía de no saber que hacer. ¿Era el amor suficiente? Pensaba que no, no estaba bien y necesitaba a alguien que entendiera que no lo estaba y que estuviera a su lado en los momentos difíciles pero él.. no era así. Pensó largamente en este problema mientras notaba como la crisis cogía terreno, sus manos temblaban y su respiración se aceleraba. Tomó una determinación, primero esperar, segundo si no cambiaba desaparecer e intentar superarlo buscando su felicidad y el apoyo que necesitaba. Desde luego, sabía que necesitaría mucho tiempo sola y empezar a cuidar su salud.
Ahí estaba el otro problema, su salud, tan joven y ya con los signos de una enfermedad hereditaria que se sumaba a sus problemas psicológicos. Sentía los dolores cada vez más fuertes, intentaba ignorarlos pero era imposible. Aquello no tenía solución sólo medicación y aprender a aguantar el dolor.
Cuando empezó a sentir nauseas se dio cuenta de que era normal que su estado de ánimo estuviera así. Se sentía sola, se sentía cansada pero... iba a luchar, siempre luchaba y esta vez no sería menos.

Cogió aire con fuerza, llenando sus pulmones, lo soltó poco a poco, controlando su respiración moviendo sus manos para evitar que se agarrotaran. Logró calmarse y se metió en la cama.
Se quedó dormida y despertó a las dos horas, de nuevo bañada en sudor, de nuevo aterrorizada. Había puesto sobre la mesa cada uno de sus problemas pero había algo más que desconocía y que no podía controlar. Estaba cansada. Se levantó, fue a por sus pastillas para dormir y se las tomó una a una hasta dejar la caja completamente vacía.
Se metió en la cama, feliz, ya no habría más pesadillas, ya no habría más preocupaciones. Sólo quedaba dormir y no despertar.

Se quedó dulcemente dormida y nunca más despertó.

.

.